Final
de la Copa de Su Majestad el Rey 99-00
762
años antes de la epopeya blanquiazul en tierras levantinas, el gran rey
catalán Jaume el Conqueridor conquistaba y entraba, respaldado por
guerreros vestidos de blanco y azul,
victorioso a la antigua Valencia
y anexionaba así uno de los grandes emplazamientos moriscos de la
costa de Levante. Se trataba entonces de una gran victoria, un hecho épico
e histórico que tardarían trece siglos
en revalidar 11 jugadores vestidos de corto y los 22.000 sufridores
vasallos que les acompañaban, respaldaban y animaban en un marco futbolístico
incomparable del fútbol español, la finalísima de la Copa de S.M. el
Rey. En frente, otros 11 jugadores, vestidos de corto con los colores que
aquellos estudiantes vascos, en 1903, tuvieron el orgullo de dotarles en
honor a su querido club, el Athletic Club: los colores rojiblancos del
histórico Atlético de Madrid. Los acontecimientos anteriores a este
importante partido, ya sea la escasa importancia de los rivales con los
que esta Copa había emparejado a los mejores equipos de 1ª o la
deplorable pachanga acontecida en el Nou Camp, habían devaluado el
segundo torneo en importancia del fútbol en España, la Copa del Rey,
presidido y formada con el nombre del primero de los españoles, Su
Majestad don Juan Carlos I.
Ambas
escuadras, tanto barceloneses como madrileños, se presentaban con
diferentes objetivos y motivaciones: el Atlético, con su ya certificado
descenso a la división de plata, quería conquistar este trofeo para
homenajear a su sufrida afición y así suavizar el turbio ambiente que ya
en anteriores fechas se avecinaba en el entorno del equipo del Calderón.
Por
otra parte, el R.C.D. Espanyol estaba casi obligado a hacer desaparecer el
temido síndrome Leverkusen de las conciencias de sus miles de
aficionados. Además, la sequía de títulos preocupaba y provocaba ya un
clima de continuo ostracismo y fracaso en las generaciones de hinchas
periquitos: la última consecución del título copero sucedió hacía más
de medio siglo, concretamente 60 años, en donde un gran Espanyol se
adjudicaría la segunda Copa del Generalísimo en Madrid, derrotando en
Vallecas al eternamente favorito Real Madrid por 3 a 2. Se gestaba una
final única, sin precedentes, que
se convertiría en una de las mejores
de la última década.
El
partido se decidió pronto, en el minuto 2 de partido, en donde un astuto
Tamudo le robó el balón a Toni cuando éste lo botaba. Tamudo se llevó
el balón y en un gran regate dejó sentado a su compañero y hacía subir
el uno a cero al electrónico. Transcurriría posteriormente el resto de
la primera parte con un
continuo asedio a las dos porterías, siendo más peligroso el conducido
por Kiko y Hasselbaink. El Espanyol, tranquilo y confiado por su
tempranero gol, apostó por la contención de Galca y Sergio, auténtica
figura del partido, y en los contraataques y la velocidad de sus dos
puntas, el ya mencionado Raúl Tamudo y el argentino Posse.
La
segunda parte fue diferente: sin duda espectacular. Un atlético
desesperado quemaba sus últimos cartuchos yéndose al ataque. Las
entradas de Solari y el canterano Luque daban fe de ello. Comenzaban así
45 minutos de sufrimiento para la parroquia perica. Las ocasiones por
parte del conjunto colchonero eran continuas, además de gozar de múltiples
faltas directas que un inspiradísimo Cavallero evitó a base de despejes
antológicos. En los últimos 25 minutos el nerviosismo de unos y la
impotencia de otros se incrementó enormemente, desencadenando en un juego
brusco que acabó con la expulsión de un central de cada escuadra: Nando
( minuto 77) por parte del Espanyol y Santi ( minuto 83) por parte del Atlético
de Madrid. Pero la figura del partido, el blanquiazul Sergio González,
acabaría por sentenciar el choque en el minuto 85. Hugo Leal daría en
bandeja un pase dado por su compañero Baraja que, por un mal control
acabaría en los pies de Sergio. Éste, frente a la portería no lo dudó
y transformó el gol de su vida, un verdadero trallazo que acabaría en el
fondo de las redes defendidas por el ex españolista Toni. Se acababa así
con cualquier remota esperanza para los 17.000 atléticos, Gil incluido,
que presenciaban la debacle ya anunciada de su equipo. La zona ocupada por
los aficionados del Espanyol, en concreto más de 22.000, se derrumbaba.
La alegría llegaba al clímax de aquellas almas que tanto habían sufrido
en años anteriores y que ahora veían y se creían que el equipo de sus
amores iba a salir campeón en la primera edición del siglo XXI.
Posteriormente Hasselbaink se encargaría de acortar la distancias en el
minuto 90, pero era ya una utopía cualquier posibilidad de remontar el
resultado.
Cuando
finalmente el malagueño López Nieto decretó el final del partido, la
afición perica explotó de alegría y se concienció de que este equipo,
en pleno Centenario, había conseguido un gesta difícilmente imaginable a
principios de temporada, en donde la institución iba de cabeza al pozo
del descenso. Era el despertar de un histórico que había comenzado el
despegue hacía la plena expansión social, económica y deportiva que
quedó demostrada en las celebraciones del título en Barcelona, ciudad
por este año sólo blanquiazul, en donde más de 25.000 aficionados
celebraban en un marco incomparable, las Fuentes de Montjuïc , la
consecución de la tercera Copa del Rey.
Los
números de esta Final de Copa del Rey 99-00.
De
los 53.000 espectadores que presenciaron el encuentro, 17.000 de ellos
eran seguidores del Atlético de Madrid y más de 22.000 eran del R.C.D.
Espanyol.
Ambas
aficiones estuvieron permanentemente vigiladas por más de 1.000 efectivos
de Cuerpos de Seguridad del Estado, teniendo éstas un comportamiento
ejemplar. Los aficionados radicales de ambas hinchadas no superaron los
1000 en número ( 525 Brigadas Blanquiazules y 450 Frente Atlético). La
mayoría de aficionados se desplazaron en autocares, aproximadamente 200
con aficionados del Atlético (10.000) y 211 del Espanyol (10.550).
Las
celebraciones del ganador de esta edición, el Espanyol, fueron
multitudinarias, reuniendo en la Plaza Sant Jaume a más de 3.000
enfervorizados periquitos que veían como sus jugadores les ofrecían el título
adjudicado en Valencia. Posteriormente, más de 25.000 disfrutaron de una
velada inolvidable en las
Fonts de Montjuïc, en donde las aguas blancas y azules significaron la
auténtica mascletá de esta larga jornada de celebraciones.
José
Ángel Alonso Pastor, jaalonso@futbolweb.net